27 julio 2007

Mi madre, siempre que prepara pepinos para una ensalada se pone el extremo final (es decir, el culo del pepino) en la frente (o en las sienes). A veces también lo hace con los calabacines. Reconozco que es otra costumbre que también he adquirido y es que cuando lo haces, sientes un inmenso placer y una sensación parecida al instante de acostarse en la cama después de un duro e intenso día.
Esta tarde salí al jardín con el culo de un pepino refrescando lo que los budistas llamarían "el tercer ojo". Me fui derecha a oler las rosas que pueden verse en la foto, que son, tal vez, las más sencillas de todas las que florecen a mi alrededor, pero, sin embargo, las más olorosas. Y mientras cogía la manguera para regar la parte delantera de la casa, al sureste, la luna me sonreía recordándome que irá llenándose todo el fin de semana hasta la plenitud del lunes.
Y andaba entre fogones después del único día que podría afirmar que corresponde al verano (al menos por estos lares), cuando de repente, en un segundo, se levantó un viento que cerró la puerta abierta de la cocina, me revolvió los cabellos y se llevó consigo todo lo desagradable del día, dejándome fresca como esas rosas.
Con detalles tan maravillosos ¿quién no cree en hadas y duendes?

14 comentarios:

e-catarsis dijo...

Pues es una costumbre curiosa ¿se queda pegado?...debe darte un aspecto muy gracioso :); que bonitas las rosas de verdad... yo sí que creo en esos seres, de hecho me gusta pensar que andan enredando por mi pequeño caos
(Si quieres un poco de verano yo tengo una "jartá")
;-)

Apesardemi dijo...

Jaja, he visto lo del pepino y, la verdad, sus portadores aparecen como muy llamativos con las rodajas adornando su rostro.

¿Quiere verano típico? Por aquí nos sobra y mucho :D ¡qué caló!

Buen día, Tha.

maria josé dijo...

Qué precioso post!
Mmmmm...

fcnaranjo dijo...

:-)

Joan dijo...

Pues como representante autorizado de la Liga Nacional contra el Pepino (LNP) exijo una rectificación de inmediato, un post conciliador y la abolición del pepino de la faz de la tierra.

Qué cosa más mala, proclamo.

Por lo demás, las sensaciones que evocas son harto refrescantes, genial para estos días.

Besos

PS: En Hamburgo, uno de los platos típicos consistía en un cilindro de carne cocinado al horno ¡con un pepino dentro! Qué desgraciado me sentí.

Manuel Márquez dijo...

Sugerente y nutritiva reseña, compa Tha, habrá que probar a poner en práctica remedios similares para casos parecidos. Buen fin de semana y que los calores no te sean muy rigurosos (y disfrutes muchas bellas músicas, como la de Vollenweider, vaya que sí...).

Un abrazo.

The Seeker dijo...

Tita... ni caso a Joan. La carne al horno con pepino mola.

Yo sí creo en las hadas :)

Anónimo dijo...

¡Ay, lo que te gusta a ti el culo de un pepino! Mi madre también lo hace. Eso y ponerse dos cerezas como pendientes. ¡Qué ganas tengo de oler cada una de esas rosas Tha! ¡Podríamos hacer bombones de pétalos de rosa! :)

Anónimo dijo...

He repetido muchas veces la palabra "rosa" :(

Joan dijo...

The seeker, desde ya estás en la lista negra. ¡Malditos pepinófilos!

Mar dijo...

Este post ha provocado una lucha no violenta que puede seguirse en este enlace del amigo Joan ;) (de paso os leéis el blog que está muy bien)

pilar dijo...

Lo del pepino me ha recordado la preciosa película "Como agua para chocolate" en donde lo que se ponen en la frente es media cebolla...las mujeres que eso hacen son muy especiales...

Las hadas y los duendes también hicieron cositas por aqui...pero de las buenas...;)

besitos, Tha

e-catarsis dijo...

Joan ¡¡¡cuánta hostilidad!!!

V I V A N L O S P E P I N O S

:p

Tunia dijo...

Lo de los pepinos, ¿funciona?
Las rosas preciosas¡
Besines